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Las alfombras más famosas de la historia

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Las alfombras más famosas de la historia

Las comunidades nómadas, miles de años atrás, necesitaban algún elemento cómodo, más práctico que esas pesadas mantas hechas con piel de oveja, para protegerse ante los fríos inviernos. Ahí surge el origen de la fabricación de alfombras. Los primeros telares, horizontales, estaban compuestos por dos costillas de madera ancladas al suelo para sostener, entre ellas, la urdimbre; también fácilmente trasportables de una zona de acampada a otra. Alfombra que, por supuesto, se usaban al mismo tiempo como elementos decorativos, donde primaban los motivos geométricos, curvilíneos.

La más antigua que se conoce data del año 400 a. C., muy probablemente fabricada en Armenia y Persia. La llamada alfombra Pazyryk, hallada a mediados del siglo XX dentro de un bloque de hielo en unas excavaciones siberianas, mide ciento ochenta y tres por doscientos centímetros y posee una densidad aproximada de trescientos sesenta mil nudos por metro cuadrado. ¡Ahí es nada! Su centro, roseta, está bordeado por venados y guerreros a caballo. ¿Te la imaginas como alfombra de salón? Piénsalo, aunque mientras tanto puedes admirarla in situ en el museo Hermitage de San Petersburgo, Rusia.

En otro museo, el Historiska de Suecia, reposa una famosa alfombra Marby. Tejidas en la región de Anatolia (actual Turquía), está anudada por completo con tramas de hilo rojo y marrón. Otra fue descubierta en 1886 dentro de una iglesia italiana, y una tercera allá por 1990 en el Tíbet.

El siglo XVI significó una proliferación de estas joyas textiles al amparo de los emperadores y sus talleres cortesanos. De esa época, concretamente de 1539, data la alfombra Ardabil, quizá la más esplendorosa del mundo. También de origen persa, tiene unas dimensiones de quinientos treinta y cuatro por mil ciento cincuenta y dos centímetros. Encargada por Tahmasp I para la mezquita de Sheikh Safi, requirió, cómo no, una mano de obra cinco tejedores que emplearon tres años en terminarla. Qué tapiz. Consta de quinientos dieciocho mil nudos por metro cuadrado, pelo de lana y trama de seda. Hoy día puede contemplarse en el Vitoria & Albert Museum de Londres. Bueno, una de ellas, pues aunque originalmente se fabricaron dos ejemplares, uno fue sacrificado para reparar la otra, pero algunas partes sobrantes aún permanecen expuestas en el County Museum of Art de Los Ángeles.

A mediados del siglo XIX, Kanda Rao, marajá de Baroda, uno de los principales estados de la India, ordenó tejer la que hoy se considera la alfombra más cara del mundo. Pues porque su intención era decorar con ella nada más y nada menos que la tumba de Mahoma. Está cosida con seda y la engalana zafiros, diamantes, esmeraldas y perlas en uno con setenta y tres por dos con sesenta y cuatro metros cuadrados. Para que te hagas una idea: esta alfombra del Marajá cada decímetro cuadrado lo componen cinco mil perlas… Cómo quedaría como alfombra de jardín, ¿eh?, tintineando con los destellos de la luz del sol.

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